La pareja de homosexuales de la mesa de la izquierda emitían un plácido bienestar adivinable en sus miradas, en su complicidad sin necesidad de palabras, o en su armonía de decisiones naturales. Aquel era un bar de barrio, donde todos se conocían bajo las horas marcadas por un reloj inexistente: el momento del pincho de callos o tortilla, el instante siempre verbenero del vermú dominical, los maíces rumiados durante los partidos de liga... Pero a aquellos dos jóvenes no los conocía ningún habitual parroquiano, aunque todos adivinasen su condición amorosa y envidiasen en su fuero interno el innato entendimiento de voluntades que a ellos subyacía. Nadie dijo una palabra. Mas todos se limitaron a observar discretamente, entre los altisonantes comentarios rutinarios sobre política, economía y corrupción, que no es preciso tomarse de la mano, ni besarse en público, ni quedarse embobados en un cruce de miradas, para denotar cariño a borbotones y para mostrar la unidad de dos almas prendidas de la misma rama.
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lunes, 11 de agosto de 2014
DOS HOJAS DE LA MISMA RAMA
viernes, 14 de febrero de 2014
TIC TAC ESCARCHADO
Te odio aunque apenas sé cómo. Quisiera hacerte desaparecer con un desgarro de tu hipócrita sonrisa, borrarte la cara para que no puedas mirarme y quemarme de dolor, aniquilarte entero de mi cuerpo, mi memoria y mi útero. Yo, que, cándida, te entregué mi corazón para volcarlo bien frío en tu cubata de ron, no pude más que revolverlo entre el hielo escarchado esperando en vano tus labios. Allí se quedó solo, pudriéndose en alcohol, el reloj de mi existencia, el tic tac que me animaba y el que grabó en aquel momento mi fecha de caducidad.
jueves, 13 de febrero de 2014
PERPETUUM MOBILE
Lloviese lo que lloviese, la raya de su monte no se borraría jamás. Aunque todas las gotas de suero bajasen por sus venas propulsadas por la gravedad como kamikazes dispuestos a ahogar sus pulsiones eróticas, ella seguía deseando a su hombre como si fuera el primer revolcón. Cierto que hacía ya décadas que habían optado por separar sus miserias nocturnas en camas y habitaciones distintas, mas cuando sentía los octogenarios y desnudos pies crujir seguros sobre la madera pulida del pasillo, las manos sabias girar con cuidado el pomo bien aceitado de la puerta, y el peso de su eterno compañero parapetándola del jodido mundo, entonces, juntos, volvían siempre a ser aquellos adolescentes amándose a borbotones sobre los surcos del maíz espigado. Una y otra vez en perpetuo movimiento.


