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miércoles, 5 de febrero de 2014
CUÉNTAME UN CUENTO
martes, 28 de enero de 2014
PEZ SABLE
Pez Sable no comprendía cómo había acabado por convertirse en un horrible congrio negro atrapado por su voluminosa avaricia en la cueva donde se escondió de sus atacantes. Él había cumplido escrupulosamente con las leyes del mar: como pez grande que siempre fue, amigo de sus amigos y esbirro de otros esbirros del Gran Capital, se había comido a cuanto pez chico encontró en su continuo serpentear a media agua o por la superficie rizada de las olas. Sin dudarlo, había destrozado con sus preferentes fauces la precaución de millones y millones de sardinas que un día se creyeron protegidas por la envoltura de su banco en ardora; había troceado con sabiduría las enormes tajadas depredadas —semana, sí, semana, también— en Florida o el Caribe a fin de que fuesen opacas a cualquier control de las autoridades marinas; y, en fin, había colaborado obedientemente muchas veces con aquellos que en el pasado lo ayudaron a auparse como un oso hacia la cresta del árbol.
Pero fue aquella turba plateada la que un día se le echó encima. Las sardinas más viejas y dañadas por su atávico ataque se revolvieron contra él, los ojos en sangre y las cortantes consignas arrojadas en tromba, consiguiendo lo que ningún juez del mar alcanzaría: meterle miedo en aquel cuerpo de sable afilado. Paralizarlo de terror por su propia integridad física hasta el punto de no volver a abandonar su oscuro refugio cóncavo. Y así engordaría allí cada día más, condenado hasta que su desbordada ambición muriera constreñida contra las paredes de aquella cárcel.
Imagen modificada de
http://www.marketingdirecto.com/wp-content/uploads/2011/09/pez.jpg
viernes, 22 de junio de 2012
Vended, malditos bancos, vended
Creo yo que la solución es, sencillamente, que cada palo aguante su vela, o lo que es lo mismo: que cada banco venda sus bienes inmuebles a precios asequibles a los ciudadanos, precios reales, aunque con ello pierdan la mitad o más de lo que sus peritos estimaron que valían, pues de esa estimación nadie les tuvo ninguna culpa, a no ser su propia ambición de negocio. El déficit de 19.000 millones de Bankia, por ejemplo, se podría reducir a la mitad o más si vendiese sus "activos tóxicos" inmobiliarios, o sea, sus apartamentos de un dormitorio valorados en la irreal cifra de 130 mil euros, por un precio ajustado, de mercado contante y sonante a la baja, que dependiendo de las zonas no superaría los 60 mil euros.
Esto ha comenzado a pasar, tarde, pero ha comenzado, con la bolsa de pisos que el Banco de Santander _uno de los que, dicen, no va a necesitar ninguna ayuda, faltaría más_ ofrece en Barreiros (Lugo) a veinte mil euros, sí VEINTE MIL EUROS, con una o dos habitaciones (trastero y garaje aparte). Ya hay colas como en la catedral de Santiago, para ver lo increíble.
Vended, malditos bancos, vended baratos los pisos que arrancasteis a sus dueños empobrecidos, y saldréis de la crisis, menos ricos, pero saldréis. No pretendáis que encima los paguemos nosotros, los asalariados, y nuestros hijos, dos veces, con impuestos, salud, educación y recortes durante dos generaciones por lo menos, al interés que se le antoje a la Merkel. Y tú, Marrano, baja al suelo ya y arrima el hombro en vez de pedir limosna en Bruselas, joder.
martes, 27 de diciembre de 2011
Desahuciados: cualquiera puede serlo
Aunque no he visto en mi vida ningún capítulo, o episodio, o como carajo quieran llamar a esos pedazos de mierda televisiva que fueron las interminables ediciones de Gran Hermano _porque no me interesó nunca, y punto_; sí aplaudo programas como los que en otras ocasiones nos brinda Mercedes Milá. Hablo de su “Diario de…” y, en concreto, el emitido _o repetido, no sé_ este mes de diciembre sobre el desahucio de varias personas en Torrejón de Ardoz, Madrid. Y he de reconocer que lo pasé mal, que lloré con amargura viendo la impotencia de aquellas personas que eran arrojadas a la calle sin miramientos y con el único apoyo de vecinos o de indignados organizados bajo la plataforma Stop Desahucios. Pero juro que seguiré mirando y buscando con mi mando a distancia esos programas e informaciones _que los hay_ que muestren la realidad cruda, la de una gente maltratada _porque esa es la palabra_ por los bancos usureros y las leyes injustas, mientras esta puta sociedad se va de cena de empresa o de borrachera navideña.


