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lunes, 25 de noviembre de 2013

LOS MIMBRES DE LA MEMORIA

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El cestero iba pasando los mimbres mojados con fuerza y habilidad entre los cuatro haces básicos que conformaban la nueva pieza. Esta iba a ser —lo veía en su imaginación— una cesta grande, resistente como para cargar con por lo menos cinco kilos de patatas viejas, o de castañas secas, o de cebollas salidas, o de mazurcas reinas como aquellas que coleccionaban las chiquillas más coquetas en su infancia, con un asa de vara gruesa curvada, diametralmente atravesada de lado a lado a fin de empuñar el mundo como el cestero lo había hecho siempre: con la boina calada, la mirada directa, el pitillo apagado reposando en los labios bajo el bigote serio y las manos de labrador morenas, agrietadas y sabias. Tan sabias, que cuando la mente del abuelo cestero ya se había rendido hacía meses y retirado al refugio de la inconsciencia senil, ellas continuaron hasta el último día trenzando los mimbres invisibles de la vida.

Imagen de Jose Rolando Palacios Barnuevo.


jueves, 18 de julio de 2013

MEMORIA MUERTA

¿Qué hora será? ¿Quién será esta mujer de azul que me habla? Se parece a mi hermana Chon, pero es más fea y más amable. No le debe de gustar que le toque la cara porque ya me ha apartado la mano varias veces. Y yo sólo quiero jugar como cuando éramos niños a quitarle la nariz y volver a ponérsela, pero ella ya no se acuerda o está enfadada. Yo tampoco voy a hacerle caso alguno a lo que me diga... Mira, toda mi ropa tiene un nombre: Pablo. Me suena ese nombre. Claro, mi padre se llama así. Está en el interior de las mangas de la camisa, en cada calcetín, también en los calzones, que lo he visto escrito cuando me los ponen. ¿Por qué mi padre ha firmado mi ropa? ¿Será que yo soy mi padre ahora?
No quiero comer nada. Se lo voy a dejar claro a esta falsa Chon escupiéndole la plasta esa verde de mierda en la puta cara. Ahí tienes, puerca, ya no juegas conmigo. Me voy a portal mal, como cuando éramos pequeños y tú no podías enfadarte nunca conmigo de lo que me querías... ¿O era mamá quien me decía que me quería más que a nadie en el mundo, mucho, mucho, como la trucha al trucho...? 
Se va. Ahora se va apagando la luz y no volverá nunca más, como mamá se marchó también con la cara manchada de verde por la muerte que se le vino encima. Verde que te quiero verde. A Lorca también lo mataron cuando bailaba la luna en la plaza de la Casa de Bernarda Alba. 

-Buenas noches, Pablo. A ver si mañana se porta usted un poco mejor.
-Buenas noches, Chon. Y no le digas a papá que mamá está muerta en el estanque.