Utilicemos sólo el sentido común, que como muchos saben es el menos común de los sentidos, para buscar soluciones prácticas a la situación. Veamos, el lunes el ministro De Guindos _el único que curra y da la cara, para entendernos, pues Marrano no hace otra cosa que ir al fútbol o a Brasil de cóctel_ va a mandar la carta donde pedirá a la UE un préstamo de CIEN MIL MILLONES DE EUROS a un interés aún por determinar, con el fin de salvar de la crisis del ladrillo de 2008 algunos bancos españoles. Al parecer, según dos test de estrés de empresas independientes que han costado otros DOS MILLONES de eurazos, el 90% del sistema financiero patrio necesita entre dieciséis mil millones en el mejor de los casos, o sesenta y dos mil en el peor _que digo yo que ya podían afinar un poco más, con lo que han cobrado_ para sanearse y seguir funcionando como lo que es, o sea, un grupo de entidades que dejen créditos a personas y empresas para crear negocios, comprar casas, y bla, bla, bla. Además, por supuesto, como medidas crípticas e ininteligibles para el común de los contribuyentes, las expertas auditoras dan consejos a dichos bancos como que hay que "aislar activos tóxicos", "crear un banco malo" y demás. Pero en el fondo, de lo único que se trata, es de saber quién apanda con la rebaja de los miles de pisos de precios hiperinflados durante la burbuja inmobiliaria. Es decir, quién asume la pérdida de valor de esas casas tasadas muy por encima de lo que realmente valían y que, o no han sido vendidas nunca, o han sido retiradas a sus dueños porque no pudieron pagarlas.
Creo yo que la solución es, sencillamente, que cada palo aguante su vela, o lo que es lo mismo: que cada banco venda sus bienes inmuebles a precios asequibles a los ciudadanos, precios reales, aunque con ello pierdan la mitad o más de lo que sus peritos estimaron que valían, pues de esa estimación nadie les tuvo ninguna culpa, a no ser su propia ambición de negocio. El déficit de 19.000 millones de Bankia, por ejemplo, se podría reducir a la mitad o más si vendiese sus "activos tóxicos" inmobiliarios, o sea, sus apartamentos de un dormitorio valorados en la irreal cifra de 130 mil euros, por un precio ajustado, de mercado contante y sonante a la baja, que dependiendo de las zonas no superaría los 60 mil euros.
Esto ha comenzado a pasar, tarde, pero ha comenzado, con la bolsa de pisos que el Banco de Santander _uno de los que, dicen, no va a necesitar ninguna ayuda, faltaría más_ ofrece en Barreiros (Lugo) a veinte mil euros, sí VEINTE MIL EUROS, con una o dos habitaciones (trastero y garaje aparte). Ya hay colas como en la catedral de Santiago, para ver lo increíble.
Vended, malditos bancos, vended baratos los pisos que arrancasteis a sus dueños empobrecidos, y saldréis de la crisis, menos ricos, pero saldréis. No pretendáis que encima los paguemos nosotros, los asalariados, y nuestros hijos, dos veces, con impuestos, salud, educación y recortes durante dos generaciones por lo menos, al interés que se le antoje a la Merkel. Y tú, Marrano, baja al suelo ya y arrima el hombro en vez de pedir limosna en Bruselas, joder.
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viernes, 22 de junio de 2012
domingo, 10 de junio de 2012
Oé, oé, oé
Les voy a hablar en castellano, para que me entiendan todos los que se dicen, se crecen, se corren gritando borrachos que son españoles en lo alto de una fuente urbana un día de victoria futbolística y que seguramente serían capaces de matarme cuando lean esto; pero que se acojonan hundidos en sus sofás cuando de defender sus derechos elementales se trata.
Ayer, un ministro del gobierno elegido por la mayoría de los que creyeron las mentiras programáticas _es un eufemismo_ del PP anunció que Europa va a levantar la paletilla de los bancos ladrones de nuestro sistema financiero con 100 mil millones de euros, sin mencionar cómo los españoles van a devolver después ese ingente favor. Y lo hizo, claro, en ciernes del comienzo de la Eurocopa, para que esos zombies que son capaces de matar _como la petarda de la Esteban_ por su sentimiento rojo de fútbol de mierda tuvieran excusa para no pensar en nada más que en los goles ante Italia. Españoles de pacotilla, ciudadanos de patacón que merecen tantas subidas de la luz y tanto iva como serrín tienen en sus cabezas huecas. Se piensan que ponerse una camiseta rojigualda comprada en los chinos o en El Corte Inglés los convierte en paladines de su patria pergeñados de radiante armadura, cuando lo único que hacen es embriagarse de tintorro el domingo para olvidar lo miserable de sus vidas y salarios el lunes.
Si alguien tiene derecho a llamarse español, o griego, o portugués, o lo que quiera que se sienta, es solamente aquel que defiende su dignidad y sobre todo la de los que tratan de ganar la vida con él; aquel que protesta cuando tratan de ningunearlo los poderosos, aquel que intenta discernir la coherencia o el sentido común en medio de tantas mentiras macroeconómicas; aquel que no consiente que lo gobiernen individuos que su pueblo nunca eligió _llámese UE, FMI o Eurogrupo_; aquel, en definitiva, que lucha por seguir siendo lo que es y no por los puntos de unos deportistas insultantemente mejor pagados que él.
El fútbol no tiene la culpa, me dirán muchos aficionados; y yo estoy con ellos. El fútbol, no; la culpa es de los que sólo sueltan adrenalina en el campo porque están ya capados por los medios y las televisiones subvencionadas para que hagan exactamente eso: soltar la peligrosa bilis en la pileta del estadio, como quiere papá gobierno, y que ésta discurra tuberías abajo, sin provocar ninguna rabia revolucionaria, ninguna pregunta indiscreta de qué hemos hecho para merecer esta negligencia gubernamental. Por eso el vergonzante presidente Rajoy se fue también al partido, a hacer masa con la plebe, junto con los también impresentables y ñoños príncipes herederos; para que pareciese que no pasaba nada, que nadie sospechase que los millones europeos a devolver van a salir de los recortes de sueldo de los funcionarios, ni de la subida del iva hasta el 23%, ni del aumento de tarifas más básicas como la luz, ni de la aplicación inmediata de la jubilación a los 67 años, ni de nuestra vida hipotecada o la de nuestros hijos y nietos.
Un consejo, españoles de domingueo: recordad que el lunes siempre llega. ¿Podréis seguir mirándoos en el espejo?
Ayer, un ministro del gobierno elegido por la mayoría de los que creyeron las mentiras programáticas _es un eufemismo_ del PP anunció que Europa va a levantar la paletilla de los bancos ladrones de nuestro sistema financiero con 100 mil millones de euros, sin mencionar cómo los españoles van a devolver después ese ingente favor. Y lo hizo, claro, en ciernes del comienzo de la Eurocopa, para que esos zombies que son capaces de matar _como la petarda de la Esteban_ por su sentimiento rojo de fútbol de mierda tuvieran excusa para no pensar en nada más que en los goles ante Italia. Españoles de pacotilla, ciudadanos de patacón que merecen tantas subidas de la luz y tanto iva como serrín tienen en sus cabezas huecas. Se piensan que ponerse una camiseta rojigualda comprada en los chinos o en El Corte Inglés los convierte en paladines de su patria pergeñados de radiante armadura, cuando lo único que hacen es embriagarse de tintorro el domingo para olvidar lo miserable de sus vidas y salarios el lunes.
Si alguien tiene derecho a llamarse español, o griego, o portugués, o lo que quiera que se sienta, es solamente aquel que defiende su dignidad y sobre todo la de los que tratan de ganar la vida con él; aquel que protesta cuando tratan de ningunearlo los poderosos, aquel que intenta discernir la coherencia o el sentido común en medio de tantas mentiras macroeconómicas; aquel que no consiente que lo gobiernen individuos que su pueblo nunca eligió _llámese UE, FMI o Eurogrupo_; aquel, en definitiva, que lucha por seguir siendo lo que es y no por los puntos de unos deportistas insultantemente mejor pagados que él.
El fútbol no tiene la culpa, me dirán muchos aficionados; y yo estoy con ellos. El fútbol, no; la culpa es de los que sólo sueltan adrenalina en el campo porque están ya capados por los medios y las televisiones subvencionadas para que hagan exactamente eso: soltar la peligrosa bilis en la pileta del estadio, como quiere papá gobierno, y que ésta discurra tuberías abajo, sin provocar ninguna rabia revolucionaria, ninguna pregunta indiscreta de qué hemos hecho para merecer esta negligencia gubernamental. Por eso el vergonzante presidente Rajoy se fue también al partido, a hacer masa con la plebe, junto con los también impresentables y ñoños príncipes herederos; para que pareciese que no pasaba nada, que nadie sospechase que los millones europeos a devolver van a salir de los recortes de sueldo de los funcionarios, ni de la subida del iva hasta el 23%, ni del aumento de tarifas más básicas como la luz, ni de la aplicación inmediata de la jubilación a los 67 años, ni de nuestra vida hipotecada o la de nuestros hijos y nietos.
Un consejo, españoles de domingueo: recordad que el lunes siempre llega. ¿Podréis seguir mirándoos en el espejo?
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