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jueves, 31 de octubre de 2013

SIMPÁTICOS ASESINOS

A comienzos del nuevo siglo yo acudí a aquella conferencia en Santiago de Compostela obligada por mi flamante puesto de redactora-jefe, al que de puertas adentro también se sumaba por idéntico salario ser relaciones públicas, supervisora de marketing en cócteles, comercial de publicidad, o única escritora y, por ende, subordinada de mí misma, en nuestra criatura editorial, hoy muerta y jamás recordada. Por ello, fui locuaz con colegas y con extraños de idéntica calaña a la mía durante el descanso para el café —que realmente era una excusa como otra cualquiera para echarnos al coleto el relajo de una buena docena de brandis de Jerez—; por ello, aún conservo en mi cartera las tarjetas de visita de aquel simpático matrimonio, ella cónsul y él también periodista, con los que me agarré una buena moña; pero, precisamente por ello, mi sangre se heló al reconocerlos ayer en las noticias, acusados de haber asesinado a su propia hija.


lunes, 9 de septiembre de 2013

EL MOTOR DE TODO ESTO

Cuando llegó, tomaba la palabra el portavoz de la familia. Unas quinientas personas, sobre todo vecinos de la parroquia del suceso, periodistas, estudiantes del instituto de la víctima y muchos curiosos seguramente, se habían reunido en concentración en la plaza principal para manifestar su casi unánime repulsa por el abominable crimen de la adolescente. Escuchaban en silencio las palabras preñadas de impotencia e ira contenida de todo un pueblo, por boca de la autoridad de turno: las miradas, perdidas en algún punto entre el suelo y el horizonte, sin ánimo para atreverse a ascender al cielo de la certeza, todavía sin posibilidades físicas de venganza; las manos de los más jóvenes, entrelazadas  de lágrimas caídas e inocencia pisoteada por los crudos acontecimientos. Violación pre y post mortem, se leía en los medios de comunicación. El cuerpo en decúbito prono, enterrada en la arena la rubia cabeza, sin ropa interior... a pasear a la playa al atardecer... eran frases fragmentadas e inconfirmadas que circulaban bisbiseadas en corrillos desde hacía tres días en la comarca, y apenas media hora antes del comienzo del acto de respeto. Después, se guardó el debido silencio. El ayuntamiento había decretado una semana de luto oficial y las banderas ondeaban a media asta aquel día de verano y de viento del norte  que azotaba las mejillas enrojecidas de las estudiantes utilizando sus propias melenas tostadas en contra de ellas mismas.
Apretó el puño derecho dentro del bolsillo del pantalón de loneta, carraspeó y se llevó esa misma mano enrollada delante de la nariz, aspirando con disimulo una vez más aquel olor subyugante cuya fragancia se agotaba por momentos. Continuó observando con delectación la crispación fruncida en todos los rostros de piedra presentes, que eran obra suya, así como la ruina emocional de la familia. Apretó de nuevo el puño en el bolsillo, atrapando entre sus dedos la pequeña tanga rosa desgarrada aquella tarde a una desconocida, y se sintió el motor de todo aquello.