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miércoles, 11 de septiembre de 2013

COMEDIETA DE FIGURÓN INTITULADA SACRIFICIO OLÍMPICO CON BOTELLA AL FONDO

—Yo quiero que National Geografic haga el reportaje en mi casa, sé que es un esfuerzo olímpico el que os pido, pero me da igual que os pongáis como os pongáis: es la ilusión de mi vida salir en una revista como ejemplo de españoles de pro, y se acabó... —gritaba al borde de la histeria aguda Ana, la jefa de aquel hogar madrileño en el que había cuatro hijos en paro.
—Pero, mamá, ¿con qué dinero vamos a adecentar esto, si no tenemos casi ni para comer este mes? Y tú no quieres ni oir hablar de empeñar las medallas del abuelo, la cristalería de Bohemia o la vajilla de Sargadelos... —replicó uno de los hijos recién despedido en Telemadrid.
—Esos dos magníficos ejemplares de una vida de abolengo, especialmente las "cup of café con leche" de artesanía gallega, saldrán en primera plana en la foto principal del reportaje, desayunándonos tan ricamente esta feliz familia junto a la periodista del NG, que, por cierto, es majísima y seguro que a Ora y a ti os van buscar un buen trifásico en la revista.
—Bueno, mujer —habló por vez primera el hasta ahora silente marido Mariano, chasqueando la lengua como era su deje habitual— , no ché yo chi echando como echtán en echtoch momentoch a tantoch periodichtach a la calle, podrán contratar a nuestroch hijoch, Anita...
—Tú calla y déjame a mí. Por cierto, vete a casa de Luis el Cabrón a pedirle a su mujer los cortinones de ciertopelo del salón, aquella mesa de castaño para tu despacho y algún cuadro de los muchos que tienen, y amenázala con que si no, su marido va a salir de Soto del Real con un agujero más de los que tenía al entrar en el penal.
—Pero, ech que...
—No me agobiéis con tantos peros, que no soporto los obstáculos ni aún en las carreras olímpicas de 200 metros valla.
—¡Mamá!—grita José Manuel desde el pasillo— ¡Mamáaaaa!
—Brrrrrr... ¿qué pasa ahora?
—Que han llamado del National y dijeron que nuestro reportaje se ha caído porque a nadie le parece ya noticia cómo vive la familia de un político corrupto en España, con tantos que hay. Van a cambiarlo por otro sobre un matrimonio consumado entre un ingeniero informático japonés y su muñeca hinchable, que es de mucho mayor interés antropológico.
—Pero ¡qué zorrona la reportera esa de mierda! Así le den sushi envenenado y se le pudran las entrañas a esa puta rastrera de los cojones. ¡Ay, Mariano, yo me voy a dar a la botella, que es lo mío!
                                                         FIN


martes, 18 de junio de 2013

CRISTINA STARK

El pueblo quería su cabeza. Una cabeza que en su sueño veía extrañamente roja —como la de Sansa de la serie que adoraba— avanzar desesperada por los corredores del palacio desierto de sus entretelas y desdichas: Pedralbes. Subió a duras penas a la torre, escuchando ya el estruendoso rugir de la plebe draconiana, insaciable toda vez que había saboreado la aristocrática carne. Allá abajo, en el centro de la plaza, clavada en la picota, lucía como si estuviera aún viva la testa de su amado duque: su cabellera dorada, orlada por el blanco mechón surgido por las preocupantes querellas de los meses recientes, refulgía por última vez para ella al caer la tarde. Un letrero colgaba de su cuello cortado: Joffrey Ignacio—leyó algo sorprendida. ¡Qué hombre! Su amor tardío pero inagotable, el que había dado sentido y energía a una tediosa rutina real poblada de novelas rosa, justas caballerescas, jornadas en La Caixa o rollos de primavera solterona. Un gigante apolíneo que la había colmado de hijos y envidias... Una y mil veces hubiera hecho por él todo cuanto hizo... ¿Qué podía reprocharle? ¿Ambición? ¿Acaso es hombre quien de ella carece? ¿Intrigas económicas? ¿No son estas el acicate de su estirpe?
La mano de lla justicia, no obstante, tentaba ahora su cuello y apretaba cada vez más las garras. Pedía informes y hurgaba en su hacienda o costumbres, vilmente, obviando que ella era hija de lobos huargo y podía matar de un zarpazo a voluntad.
La grávida puerta de roble cedió como el himen de una doncella ansiosa, y la punta del ariete penetró en la estancia. Mas quien entró detrás no fue el temido populacho ensangrentado, sino un galante Sandor Clegane —¿el perro de Juego de Tronos!— que, envainando la espada, hizo resonar en la torre dulces nuevas:
—Sois libre, Cristina Stark.
Entonces despertó.