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miércoles, 17 de julio de 2013

BABOSOS VIOLADORES UBICUOS

Una joven y su novio suben juntos al autobús que los llevará a su casa en Nueva Delhi. Son las siete y media de la tarde. Han pasado su día de asueto de paseo, disfrutando del ocio, de la libertad de no tener que trabajar o estudiar hoy,  así como de sus proyectos de una vida en común toda vez contraigan matrimonio. Han reído, discutido, hecho las paces y vuelto a reñir por lo menos en quince ocasiones a lo largo de la jornada. Ahora, en el viaje de vuelta, van contemplando el rojo ocaso del sol y de su felicidad por la ventanilla. Porque en ese instante, un grupo de cinco hombres en manada se acerca a la pareja, dejan inconsciente al chico en el suelo del bus de un puñetazo en la cara y desnudan a zarpazos a la chica para violarla por turnos hasta cansarse. Dos horas después, la mujer es encontrada muerta desangrada en el vehículo abandonado en la calle. Su novio sobrevivió a la paliza, pero decidió escapar.
A las cuatro en punto, desde la Plaza del Ayuntamiento de Pamplona, una redactora del canal televisivo público se dispone a recoger los bártulos informativos tras informar del ambiente festivo durante el chupinazo, el acto de apertura oficial de las fiestas del San Fermín. Hace mucho calor y está salpicada de vino por doquier, pues es tradición que la muchedumbre salude al santo patrón lanzando el caldo a discrección, así que se quita la sahariana y, en camiseta, sube a una silla para ayudar al cámara a desmontar la panorámica y largarse cuanto antes a comer. Es en ese momento en el que de la esquina llega en tromba una manada de desconocidos teñidos de morado que comienzan a jalear a la chica, la rodean gritando gruñidos incomprensibles en tanto le arrancan sin piedad ropa, micro y súplicas inútiles. Ellos ni la oyen, ni la ven. Tan sólo quieren tocarla, sobarla, manosearla y seguir riéndose. Algunos ni se conocen entre ellos, no se volverán a ver nunca jamás; otros tienen novias como esa chica, o quisieran tenerla y la tendrán algún día; muchos apenas se entienden siquiera en el mismo idioma, pero todos saben perfectamente lo que quieren, aquí o en la India: carne.