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viernes, 4 de abril de 2014

NO ES TRASTORNO TRIPOLAR

No es trastorno tripolar

mi ansia de ser varios seres,

sino necesidad de mostrar

mil experiencias, saberes

y argucias con que ganar

un sueldo y pasar los meses.


Compiten hijos con padres,

en subasta de empleadores:

los viejos pagaron el máster,

cobrando extras en sobres,

los mozos serán el baluarte

del que arrojen a más pobres.


No pueden entrar raudales

por el ojo de una sola aguja,

como no han multinacionales

de salir siempre con la suya, 

que, además, tienen la llave

para acabar con la hambruna.


Me deshago en mil currículos

que lanzo al mar cada día.

Los peces me llaman ridículo

por largar siempre en la ría

y por cortarme los testículos

por miedo a crispar sus iras.






martes, 18 de marzo de 2014

ALEA IMPERATA EST / LA SUERTE ESTÁ CONTROLADA

Eran seiscientos y solo cinco plazas. No podía dejar ningún cabo suelto, no podía arriesgar. Tenía el esquema mental de todos los temas grabado a fuego en su córtex, así como los archivos de todos y cada uno de los epígrafes y subepígrafes posibles almacenados con orden en los anaqueles neuronales convenientemente engrasados. No obstante, sacó discretamente el móvil en cuanto se acomodó en la primera fila junto a la puerta. <Je, ventajas de apellidarse "Abelleira">. Pulsó el REC con dedo firme bajo la mesa enfocando ligeramente hacia arriba. Durante media hora no paró de acumular caras y nombres... <Pérez Fernández, Marisa>. Y entraba Pérez Fernández, Marisa azorada, con la carpeta en el brazo como un bastón de apoyo y el carnet de identidad en los dientes, ojerosa de no haber podido abarcar más que la cuarta parte del profuso temario, jugándoselo a la fortuna, ¿por qué no? Marisa, fichada. Y, como ella, todos aquellos incautos hasta llegar a los Yáñez o los Zaragoza o los Zúñez. 

Él hizo un examen brillante, calculaba que de 9,80 por lo menos, pero no era suficiente, no podía quedarse con los brazos cruzados, relajados, repitiéndose aquello de "alea imperata est", no. Nadie se percató nunca de que, en aquella oposición fatídica, el 80% de los candidatos había muerto en extrañas  circunstancias y por orden alfabético. Nadie, porque solo hubo que lamentar que cuatro aprobados —él quedó en primer lugar—, por extraño que parezca, jamás solicitaran la plaza. Y los suspensos muertos, por supuesto, no llaman la atención. 



Imagen: http://commons.wikimedia.org/wiki/File:Dead_man%27s_hand.jpg

lunes, 13 de enero de 2014

PUNTO DE APOYO

Le caían goterones de grasa sobre la piel, sobre la pena de su futuro, sobre las páginas de unos libros terminados y unas experiencias caducadas que jamás volvería a leer y que tampoco recordaría nunca. Todas sus pertenencias intelectuales se iban obturando de isquemias visibles, pegajosas de polvo y sudor, que temía fregotear con vapor por no evitar su desaparición, pero que tampoco le servirían en aquel estado para sacarlo de la ataraxia acaecida un mal día y denominada desde entonces paro de larga duración. Ni mintiendo en el INEM o falsificando el carné de puntos de desidentidad conseguiría reunir la juventud suficiente para saltar un milímetro más alto que los millones de cabezas igualmente grasientas que veía rodearlo hasta donde el horizonte se perdía en borrachera y depresión. Mejor, que rodaran todas ante la guadaña reluciente de un nuevo agricultor libre y verde de prejuicios viejos. Mejor, que los que marcharon olvidasen para siempre lo que un día fue la morriña. Mejor, que siguiera lloviendo sobre los chorretones grasientos de la campana estractora y que dijésemos al unísono que se están formando estalactitas amarillas a la luz del sol. Mejor, no mover un dedo que tratar de encontrar a ciegas el punto de apoyo que mueve el mundo.