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viernes, 15 de agosto de 2014

VULNERABILIDAD

Hablábamos de las manías de algunos de nosotros durante la infancia y aún en los días presentes de madurez. Que si subirse las bragas compulsivamente y sin aparente necesidad, que si mesarse las cejas de manera nerviosa hasta conseguir arrancarse varios pelillos en pago injustificable por una mejor concentración, que si untarse hasta la saciedad los labios con manteca de cacao o, en su defecto, cualquier barra de labios de cualquier color o cualidad... Que si abrir la boca en toda su circunferencia cada pocos minutos de modo absurdo... 

Siempre que salía el tema en la sobremesa familiar de alguna fiesta, daba por sentado que yo sería una de las protagonistas junto con mi primo menor, otro maníaco obsesivo en potencia cuyos gestos reiterados, y por ello grotescos,  provocaban risa a todos los que nos habían visto en dicha tesitura e incluso a los mismos que los sufríamos. Pero en aquella ocasión fue mi abuelo quien desveló que también él acostumbraba a rascarse inexistentes granitos tras la oreja izquierda hasta conseguir heridas reales en una batalla contra su propio autocontrol. No sé por qué me quedé de piedra al descubrir que no era yo la pionera, en mi entorno afectivo, de aquellos hábitos estrafalarios para cualquier persona sana. Creo que me dolió que se lo hubiese callado todo aquel tiempo, y también me hizo sentir más vulnerable aún de lo que siempre me he sentido ya. 


Imagen: http://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/7/73/Onychophagy.jpg


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