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miércoles, 14 de mayo de 2014

GRILLOS

—Sácate las bragas y abre las piernas, joder. Quiero ver como te sale el bicho ese de dentro; le voy a sacar un vídeo y se lo enseñaré a todo el mundo —gritaba, blanco de rabia, el muchacho que atenazaba la cámara con dedos sudorosos a la chiquilla rubia de labios de piruleta—. Todo dios piensa que me drogo y digo tonterías, pero te juro que tienes una cosa ahí dentro que sale, me hipnotiza y me vuelve tarumba horas enteras.

—Ja, ja, ja —reía la rubita tirada sobre la alta hierba del parque abandonado. Las medias rosas subidas hasta las rodillas emergían extrañas de los vaqueros arrugados en acordeón alrededor de los tobillos—. Hace rato que he perdido las bragas. Ja, ja, ja. En el columpio, creo —Y exhalaba el humo denso del canuto recién manufacturado, en tanto su amigo, plantado ante sus piernas, introducía por su vulva una larga hierba verde, como cazando grillos.

—Ahí está, quédate quieta. Ahora asoma. —Le dio al rec y, en la pantalla, efectivamente, podía verse un insecto negruzco que sacaba de entre la húmeda carne sus antenillas mojadas, las extendía al sol, miraba a ambos lados como saludando, y empujaba hasta evacuar por entero todo el cuerpo de la madriguera humana. Era un simpático grillo macho que comenzó enseguida a frotar sus patas y emitir el característico canto de cortejo. Para entonces, la niña y su amigo ya dormían profundamente.



Imagen: http://1.bp.blogspot.com/-dtXHOqwda68/Teyzo9U7N1I/AAAAAAAAAto/-u-KpMc3L6w/s1600/SDC10834.JPG

1 comentario:

  1. Me ha encantado Sabela, me ha recordado a Obabakoak de Bernardo Atxaga, concretamente a la historia de un niño y una lagartija que se le mete por la oreja.
    saludos

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