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sábado, 9 de noviembre de 2013

TACONEANDO

La secretaria de compras, siempre tímida e invisible tras su mesita al fondo del departamento, se había calzado para su última cena de empresa unos manolos que la alzaban quince centímetros por encima de su altura habitual y otros veinte de espíritu sobre los que se hacían llamar hasta hoy sus compañeros. Menos borracha de lo que daba a entender, se levantó felina de su asiento que presidía el convite y con labios inmaculadamente rojos de no haber probado bocado les espetó:

—Algunos de vosotros sé que estáis tristes de verdad porque me vaya: son muchos años juntos y, aunque pudo haber alguna diferencia, lo superamos y nos llevamos buen recuerdo. Lo sé. Otros estaréis haciendo el paripé como me tocó hacer a mí en ocasiones y sé que lo que pase conmigo, sencillamente, os trae al pairo. Lo entiendo y punto. 

Pero a los demás, a los que se alegran de que me vaya como muchos otros se fueron, a los que me han empujado a esta situación desde arriba, sin valorar jamás mi esfuerzo de catorce años cobrando una miseria en comparación con sus pomposas nóminas, a los que se creen que están haciendo una dolorosa pero necesaria labor y no sé qué mierda más, quiero decirles que en el mundo laboral hay quien crea y quien destruye. Para mí ya no hay trabajo aquí, porque ahora, lo que queda por hacer es para los segundos, los putos liquidadores. Esta empresa, como dice la canción de Obús, es un cóctel que anda y se tiene solo de pie. Que no os aplaste al caer, gilipollas.

Y se marchó erguida taconeando.


2 comentarios:

  1. Es que una cuando se calza unos taconazos se crece!!
    Muy bueno y un abrazo!!

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    1. Sobre todo en momentos así, más vale pisar fuerte.

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