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jueves, 6 de marzo de 2014

UNA PAREJA DE LO MÁS NORMAL

Cuando se dieron cuenta de que se les habían acabado los temas de conversación, lo atribuyeron a la enorme cantidad de años y décadas, e hijos  y nietos pasados juntos. Cuando se puso de manifiesto que en soledad no podían  abrir la boca sin insultarse o sin mutuamente abroncarse por cualquier tontería,  como una patata frita en el suelo o el tapón del gel de baño, decidieron tácitamente no dirigirse la palabra, incluso al compartir la sala. Pero cuando ella ya no pudo disimular que solo mirar sus gestos forzados, solo oírlo emitir aquellos ruidos desquiciantes al masticar o solo oler su olor a viejo en zapatillas, calzones y  camisetas le crispaba los nervios, entonces fue tarde para esquivar el atizador de la chimenea que él empuñaba por tampoco soportarla. 

Los vecinos opinaron sinceramente que eran una pareja de lo más normal. 



Imagen: Á la porte de l'eternité, de Vincent Van Gogh (1890).



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